II.

A veces, mirandome en el espejo
te veo a tí en mis mismos ojos:
un brillo que antes no había.
Pero a veces, mirandome en el espejo
veo sólo el vacío
un poco más grande otra vez.

A veces, paseando bajo nubes y vientos
siento la infinidad
que víste en mí (a la primera)
– pero a veces, al ver mi reflexión en una ventana
me doy cuenta de ser invisible de nuevo.

A veces oigo tu acento
en mis propias palabras
bebo tierras lejanas en un vasito de te
– luego revierto a tomar café por la mañana
mientras que la nieve descolorea mis cuentos.

 

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